viernes, 17 de julio de 2015

El pueblo de Celendín celebra cada 14 de enero la fiesta del Niño Dios de Pumarume, un niño en bulto que no es grande ni pequeño y que tiene una expresión profunda en su mirada.
Yo lo conocí hace unos años, lo conocí en circunstancias complicadas en las que suelen presentarse siempre en la vida. Una noche soñé que conversaba con un niño que llevaba puesto un sombrero en las ruinas de un cementerio, el niño era pequeño y de cabello ensortijado, de profunda mirada y de sabias palabras. Pasaron unos meses y circunstancias personales e inesperadas me llevaron a Celendín y fue entonces cuando lo conocí físicamente en su antigua capilla, una casita modesta de abobe convertida en un santuario, allí estaba él con esos ojos que parecen verlo todo y con ese rostro dulce que a veces parece risueño y otras profundamente triste.
Cuando lo reconocí no podía comprender porque lo había soñado meses antes, pero entendí que algo había en esa efigie tan adorada por toda la gente de Celendín. Al Niño Dios de Pumarume se le atribuyen muchos milagros y sus devotos se cuentan por miles, cada año se reúnen en torno a él los primeros días de enero para honrarlo. Personas de todas partes llegan hasta el paraje que se encuentra a solo unos minutos de Celendín para hacerle una fiesta que va creciendo con el tiempo.
El origen de la efigie del niño es un misterio, se tejen versiones distintas sobre su origen y siempre se imponen las leyendas que mitifican la religión y que buscan explicar el origen de todas las cosas. Lo cierto es que el niño está ahora en un templo moderno construido para él a solo unos metros de su antigua morada, cuidado tiernamente por doña Luchita Gómez, una persona dulce de edad indefinida y que habla del niño con adoración y vehemencia.
Después de la Virgen del Carmen, la festividad del Niño Dios de Pumarume constituye la festividad más importante de la provincia de Celendín, una feria se instala en torno a la capilla y los fuegos artificiales se confunden con el griterío de comerciantes y devotos que hasta pernoctan en el lugar en torno a la moderna iglesia que se le ha construido con el aporte de la hermandad y de quienes saben que el niño es milagroso y castigador como suelen decir las personas del lugar.
Si bien el origen del niño es un misterio, no lo es la cantidad de milagros del que la gente le atribuye y es probablemente la única ciudad en la que se pueden encontrar prendedores, medallas, afiches, posters y fotografías del niño con una diversidad de trajes, sombreros y gorras, ponchos y vestidos. El Niño Dios de Pumarume de Celendín es uno de los íconos religiosos más importantes del norte peruano.
Dicen que lo hallaron en un desierto, es la leyenda más popular sobre su origen, aunque ello no ha podido demostrarse; dicen que suele escaparse de su templo para realizar ciertas andanzas y diligencias, aunque ello tampoco ha podido demostrarse; lo cierto sí es que suele adentrase en los sueños de los devotos durmientes a veces vestido de poncho y otras con vestidos ataviados con bordados y otros adornos y orientar la vida de aquellos que creen en él, que le piden con fervor o que creen con devoción en su madre.
El Niño Dios de Pumarume es una suerte de principito encantado que congrega a miles en torno a él y que identifica a un pueblo entero, un ser mítico y real que sabe de la tragedia que hoy atañe a su pueblo y que todo ello se refleja en su mirada, a veces como un charco de culpa y otras veces como un mar de esperanza.














HISTORIA DEL NIÑO DIOS DE PUMARUME

HISTORIA DEL NIÑO DIOS DE PUMARUME

 "EL NIÑO DE PUMARUME"



Aparte de cuidar al Niño, doña Cispina se dedica a cuirar el mal de aire, el susto y otros males. Para salir a curar le dice: -Oite mi niñito, estarás conmigo para curar nuestros prójimos. Ella me contó que una vez don Julián Gómes, negociante celendino, viajó a Lima para vender sombreros junto con su amigo.Ya de regreso, pasando por los arenales de trujillo, les entró el miedo porque por allí asaltaban y mataban. En eso escucharon un silbido. Julián con el susto le dice a su amigo: -Azota los caballos porque hoy nos matan. Cuando al cruzar una travesía, ven la cabecita de un niño asomando en la arena. Julián se apeó prontito, lo desenterró, lo cargó en su poncho y siguió camino. Llegando a Cajamarca, en medio de un descanso, el amigo le dice: -Oite julián, hay que venderlo al niño, los dos lo encontramos y tenemos que negociarlo para repartirnos. Julián se sorprendió y le dijo: -¿Por qué va a ser de los dos, si tú ni siquiera te apeaste del caballo? Yo solo lo desenterré al Niño Dios ¿Y dices que es de los dos? Eso no lo vas a ver. Así furioso, el amigo se acostó a descansar, al rato Julián lo llama para seguir el viaje y se lo encontró muerto. Asustado cargó su niño y al trote salió para Celendín. llegando a la Encañada, cansado, el Julián se apeó para decansar. Esa noche soñó que el niño le conversaba: -Oy ¿diónde pue eres? < Yo soy de Celendín-, dice que le contestó don Julián. Entonces vamos, porque yo quiero ser el Niño de Pumarume. Asi fue. pasaron los años y a la muerte de Julián la imágen pasó al cuidado de su hijo Carlos Gómez Limay. allí es cuando la mujer de Carlos le regala al Niño un terreno cerca de la choza de paja donde vivían. en ese lugar le hicieron una chocita al Niño para que la gente lo visitara. Pero de ahí se escapaba y en las madrugadas aparecía en la choza de Carlos. por eso su mujer lo amenazó con una rama de verbena, como acostumbran castigar a los niños por ese lugar, pero pese a todo el Niño sigió escapándose. Ya cansados y más bien con miedo que el Niño los deje, le construyeron su capilla en la propia choza. A la muerte de estos esposos, la imágen quedó al cuidado de Crispina, hasta hoy. Actualmente se le viene construyendo una nueva capilla con la ayuda de todos sus fieles devotos. (contado por Crispina Limay Malaver). 


 Niño Dios de Pumarume

Dentro del imaginario celendino, la imagen de este milagroso niño silbador, se encuentra siempre presente, por el afecto, cariño y gratitud, que la población siente ante esta milagrosa imagen del Niño Dios. Muchos son los milagros atribuidos al Niño y esto aumenta su culto y devoción en todo el ámbito provincial, regional, nacional e internacional. Es que la ocasión de su aniversario, está muy próxima a las Navidades y en este periodo de tiempo, la imagen de este Niño, se hizo presente, en Enero, como un buen augurio para los Celendinos. La aparición de la imagen, que fue a fines del siglo XIX, tiene una serie de versiones, pero lo concreto es que el niño está ahora ungido en una moderna iglesia en Pumarume que dista l kilometro del centro de la ciudad de Celendín. Pero tratando de hilar en la historia de su aparición, muchos cuentan, que un grupo de comerciantes celendinos, en su senda hacia la costa, en los primeros días de Enero, cuando hacían su pascana en un campo despejado, uno de ellos, tuvo la suerte de escuchar un lindo silbido, que lo conmovió. Este hombre, sintió una serie de emociones que iban desde el temor ante lo desconocido, la curiosidad de encontrar al silbador y la emoción de que el solo había sido despertado por la armoniosa melodía que procedía desde unos matorrales llenos de pencas, zarzamoras y magueyes. Mas pudo su curiosidad que su temor, y este celendino, tomo la decisión de ir al encuentro de la persona que emitia tan lindos acordes. Grande fue su sorpresa, cuando hallo la imagen de un niño rubio, con angelical expresión en su rostro y con sus labios en situación de silbar. La gran emoción que sintió, lo sobrecogió hasta las lagrimas, sin embargo, también evaluó, que no podía seguir el camino hacia los mercados de la costa con su rica carga de sombreros de paja toquilla, llevando a esta imagen en sus espaldas. Pero su repentina devoción, hizo que dejara encargada su carga comercial a sus compañeros de viaje y tomando a la imagen del Niño, consigo, regreso a Celendin. Este buen hombre, vivía en Pumarume, en una de las pocas casas desperdigadas en la comarca cercana al pueblo de Celendin. Al arribar a su casa, con mucha alegría y devoción, conto a su mujer y a sus hijos lo que le había sucedido. Toda su familia, se entusiasmo de tener en su hogar a esta imagen. Pasaron los días y los pobladores de las casas aledañas, empezaron a visitar a esta familia, para conocer la imagen del Niño Dios. Estas humildes pero devotas personas llevaban velas y cirios para honrar al Niño. Tanta fue la devoción, que el buen descubridor, le hizo un pequeño altar donde ubica a la imagen. Las peticiones de sus nuevos devotos tuvieron el eco necesario y estas noticias llegaron al pueblo de Celendin. Muchos celendinos hicieron el peregrinaje hasta Pumarume, para orar y pedir al Niño Dios, su intercesión ante su Padre por aliviar sus males, dolores y otras dolencias del alma y del cuerpo. De igual forma que con los primeros devotos, el Niño Dios, hizo los milagros respectivos, que aumentaron vertiginosamente su culto en todo Celendín. Pero el párroco del pueblo, celoso de su jurisdicción, ordeno al descubridor, la entrega de la imagen, para colocarla en uno de las hornacinas de la Iglesia Matriz del Celendín. Con la obediencia que el caso ameritaba, la imagen fue a dar en la citada iglesia, pero grande fue su sorpresa del párroco, de no encontrar a esta imagen al día siguiente. Con la terquedad que da la autoridad, el sacerdote pensó que los devotos la habían robado, para devolverla a Pumarume. A pesar de su insistencia de ubicar a la imagen en la iglesia del pueblo, los resultados fueron iguales: La imagen del Niño Dios, regresaba siempre a Pumarume. Desde ese entonces se denomino al hijo de Dios, como Niño Dios de Pumarume. El párroco, tuvo que ceder ante esta evidencia y autorizo la construcción de una pequeña capilla en Pumarume, para que en ese lugar se ubique esta milagrosa imagen. La capilla fue construida de inmediato y ha servido para tener al Niño, hasta inicios de este siglo. Actualmente, sus miles de devotos han contribuido para la construcción de una moderna iglesia en Pumarume, donde ahora se encuentra esta réplica del Niño Dios. Además la devoción al Niño Dios de Pumarume, se extiende a todo lugar donde estén los celendinos, como es el caso de Trujillo. Por eso el Comité Sectorial California, Fátima y Santa Edelmira (ACRET), presidido por la dama celendina Aurea Collantes, han organizado una serie de actividades religiosas y sociales, en su honor.